lunes, 29 de octubre de 2007

érase una vez un jeep

En un lugar de la politécnica de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que andaba un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.
Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año) se daba a pasearse en su corcel con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio del estudio. Y así tuvo compañeros que departían su afición por el amor a las putas...perdón rutas.
Y así el joven empezó a ser un peligro al volante y amenazaba la vida de los negritos que pedían monedas en la perimortal. Se creyó Meteoro, chofer de ambulancia, taxista en Nueva York, etc. Las calles eran un juego de video, rebasar era ganar puntos, asustar a los transeuntes y jugar con el peligro de rayar un auto eran la gasolina del chofer.
El desapareció sin dejar rastro casi...su leyenda es como la del jinete sin cabeza, o como la del barbón sin barba. Dicen que vuelve...déjenlo volver.

A ver dígame, dígame...

Era la típica clase de inglés en el colegio, estaba el joven en la penúltima banca al fondo del curso para poder realizar sus más pintorescas patanadas... El profesor en cuestión era una persona de estatura baja, muy jocoso y on innumerables anécdotas que surgían de sus numerosos viajes y vivencias a lo larogo de su existencia.

Justamente estaban en el capítulo del zoológico. Él empezó a mencionar algunos animales en inglés... "dog!" gracias a lo que los estudiantes soltaron una carcajada al unísono, pero que no fue tan alta como para llegar a los oídos del profesor. Luego continuó mencionando algunos otros...: "cat!", "bird!", "monkey!", para lo cual ya los estudiantes hacían gala de sus carcajadas joviales por lo que el maestro empezó a molestarse. Luego de algunos animales mencionados, el profesor llamó la atención al curso completo pues no comprendía lo que, según él, era una idiotez expresada eb su máximo exponente; luego los alumnos le explicaron pues, que se trataba de los apodos de los compañeros de curso que justamente él había mencionado y se asemejaban bastante. Posterior a esta acción, el profesor empezó puesto a pueso, banca a banca a preguntar el apodo de cada uno de nuestros personajes.

Él se dio cuenta que un chico muy estudioso era el que más alta solataba su carcajada, lo cual le llamó la atención de una manera muy particular. Al llegar al puesto del joven en cuestión, justamente se le acerca al compañero de atrás acerca de este chico.


El profesor le preguntó: "oiga joveeen, y a ése que es el que más goza... ¿cómo es que le dicen?", a lo cual el joven cambiando su rostro a una expresión un tanto nerviosa respondió: "esteeee... no licenciado, éso yo no le puedo decir...". El profesor en cuestión insistió: "no, tranquilo joven, dígame cuál es el apodo que tiene él..."; pero el estudiante poniéndose un tanto más nervioso contestó: "no licenciado, yo creo que no sería conveniente que...", inmediatamente el profesor cortó la contestación interviniendo de esta manera: "no, no joveeen, téngame confianza...". El joven acto seguido comentó: "es que licenciado, ese apodo es un poco obseno y...". No faltó más para que el distinguido profesor dijera con cierto grado de enojo en su expresión: "noooo, bastaaaa... yo soy su profesor, dígame o le bajo puntos...".

Luego de ésto al joven no le quedo más que responder: "lo que pasa licenciado... es que... es que... es que... a él le decimos..." y terminó diciendo en un tono más bajo "... a él le decimos... escroto". El profesor acto seguido dio muestras de su sensación mezclada entre enojo, admiración y repudio, razón por la cual agregó finalmente: "¿escoto?¿escroto?, pero qué infames!"